Cierro los ojos y te veo, te veo con tu bonita sonrisa, tu barba, tu pose peculiar y te siento cerca, pero abro los ojos y una gran tristeza y escalofrío inundan mi cuerpo, y mi rostro se llena de lágrimas porque, no, no me hago a la idea de no volver a verte.
Han pasado varias semanas desde que, la tarde del 5 de noviembre, decidiste marcharte, pero sigo pensando que todo es un sueño. Y que en algún momento comentarás alguna de mis historias de Instagram, o me compartirás algún reel de Westys, o una canción de Depeche Mode o de techno de los 80, o me mandarás un WhastsApp de uno de tus post en LinkedIn y nos podremos a hablar. Pero eso no va a pasar y me duele en el alma, porque ahora, más que nunca, soy consciente de lo importante que éramos el uno para el otro.
Ha sido un año complicado para mí con las amistades, donde se han cerrado ciclos, y hace no mucho, te lo explicaba y te decía, “menos mal que siempre te tengo a ti”, pero ahora, ya no estás…
Hay días que mi mente me juaga malas pasadas e intenta buscar “y sis”, pero me pillo y sé que eso no me lleva a nada, ni me dará respuestas, ante ese vacío que, ahora creo que sentías, y que sólo tú sabes o quizá ni tan siquiera tú.
Pienso en nuestra última conversación y ahora que la leo de nuevo, siento que algo me querías contar y que yo podría haber insistido, pero todo son suposiciones y nunca habrá respuesta para eso. Y es entonces cuando pienso que sigues aquí, en mis recuerdos, y que mientras te recuerde siempre estarás.

Somos amigos desde primero de EGB y cuando supe de tu partida, mi mente me llevaba al pasado. Y echando la vista atrás, me di cuenta de que todo lo que tengo contigo es bueno. En estos más de 46 años, nunca, jamás hubo una mala palabra, ni un mal gesto, ni un enfado, nada, todo es bueno y cuando me di cuenta de eso, pensé… ¡wow qué bonito!, ¿de cuántas más personas puedes decir eso? y la verdad, me sobran dedos.

Siempre me he sentido muy orgullosa de nuestra amistad, a veces veo esas personas que tienen amigos de toda la vida y pienso ¡jooo! ¡qué bonito! y en seguida me digo, pero si tú también tienes eso con Javi y me siento afortunada y me alegra el día… Una amistad, desde bien pequeños, tan pura, bonita, de muchísimo cariño y sobre todo, respeto. Y tengo tantos recuerdos contigo…
Como cuando íbamos a nadar fuera de Andorra, sentados en el autocar juntos. Un día, por el pantano de Oliana, me contabas las historias que te había explicado tu padre sobre esas montañas y sus formas… sinceramente, hoy creo que me tomabas el pelo o quizá fue tu padre quien nos lo tomó.
Fuiste mi primera amor, mi amor de niñez y creo que nunca te lo dije. Cuando te rompiste la tibia y el peroné, esquiando, y volviste al cole, me quedaba contigo en clase en las horas de patio, haciéndote compañía porque no podías salir. Y esas obras de teatro que nos inventábamos en la hora del recreo con el Triqui y Patricia. ¡Qué imaginación teníamos!

Recuerdo esas cenas en el Tragaluz. Tú me descubriste la comida japonesa, igual que a Depeche Mode con 101 cuando éramos adolescentes. Y hoy día, soy una gran fan de ambas cosas. Pero recuerdo especialmente una noche en el Tragaluz, sólo puedo decirte, gracias por confiar en mí.
Desde que me fui a Madrid, quizá no nos veíamos tanto durante el año, pero hay una fecha que nunca ha faltado y ha sido esquiar juntos en Navidad, ¡y cómo no! nuestro posado Navideño, la verdad, ya no sé si quedamos para vernos o para el posado navideño 🙂

Tú siempre con tu gorrito de lana, con su borla vintage, como decías. Entre tu gorrito y tu estilo peculiar de esquí, en seguida sabías que ese que iba por la central de Pas eras tú, hasta que tu hermana, inteligentemente, decidió regalarte un casco… ¡madre mía!… ¡lo que te costó ponerte un casco de esquí!
Bueno, y qué decir de mis fiestas de cumpleaños de pequeños, no había fiesta donde no bailaras Thriller. Creo que era el momento esperado de cada cumpleaños. Y en mi fiesta sorpresa de 18 años, tú estabas allí.
En fin, podría escribir varios libros de tantos recuerdos bonitos que tengo contigo. Ahora pienso en ti y veo tu sonrisa de medio lado, nuestras conversaciones en el telesilla y tú esperándome abajo en la silla con tu pose. ¡Porque claro! ¡yo ya esquío como las tortugas!

Justamente el día después de tu partida, un amigo compartió un texto de Alicia en el país de la Maravillas, que creo que es muy apropiado para esta ocasión y que dice así:
-Entonces, ¿Esto es un Adiós? – Dijo Alicia, con tristeza, pero con la sonrisa bien colgada para disimular…
…el Sombrerero replicó -Parece que no me conoces, sino sabrías lo que voy a contestar. El adiós no existe, uno nunca se va, las personas siempre te traen de vuelta cuando te recuerdan…
…si me dices adiós es porque no conoces el significado de irse. Para decir adiós debes borrar cualquier rastro de que existes y yo Sonia nunca me iré de ti, ni tú de mí, llámalo tortura o maldición, yo prefiero decir que sólo eres mi espejo y como tal nadie puede escapar de su reflejo…
así que mi querida Sonia- Suspiró Javi…sonrió y con sus ojos particulares destellando locura dijo… -Te Seguiré al infierno que vayas-.
Hace unos meses, bromeábamos sobre qué canción queríamos que sonara en nuestro funeral y era “Enjoy de silenece” de Depeche Mode… y aunque tu grupo preferido eran los Pet Shop Boys, me dijiste: es la canción de nuestras vidas, por lo menos de la mía… Y yo te dije: sí, también es la mía.
Hoy esa conversación tiene más sentido, y entiendo mejor que nunca, porque era la canción de tu vida. Espero mi querido Javi, que ahora puedas disfrutar de ese silencio y de esa paz.
Por mi parte, cuando escuche esta canción, miraré al cielo, sonreiré y te seguiré recordando.
Te quiero amigo. Ayer, hoy y siempre te llevaré en mí


Deja un comentario