El domingo 9 de junio me ingresaron en el hospital por una mordedura de perro que se infectó, hasta tal punto, que hubo que operar porque la infección alrededor de la herida no acaba de irse con los antibióticos. Resulta que, a falta de uno, tenía dos huéspedes en mi pie que no querían marcharse.
¡Nunca pensé que algo así podía pasar tras una mordida! Pero cuando te lo explican, te das cuenta de que tiene sentido, porque tanto los animales, como las personas, tenemos muchas bacterias en la boca y es habitual que una mordida, de cualquier tipo, se complique por ese motivo.

Pero no vengo a hablar del incidente en cuestión, sino de algunas reflexiones y tomas de consciencia que he tenido durante estos días estando en el hospital. Además de, para afirmar, de nuevo, que todo pasa por y para algo.
Para o el universo lo hará por ti
Empiezo por eso que nos dicen mucho, y que hemos oído cientos o miles de veces, pero hasta que no nos pasa, seguimos y seguimos… hablo de parar, de escuchar al cuerpo, a la mente, de los avisos que nos da. Porque somos muchos los que no lo hacemos. Creemos que a nosotros no nos va a pasar, hasta que pasa y empieza a retumbar en tu mente la frase: “Si no paras tú, el universo te va a parar”.
Y es que, en mi caso, ya hubo señales en abril que me dieron un aviso importante, pero no hice caso. Así que, sí, creo que esto ha pasado precisamente porque necesitaba parar, reflexionar y descansar. Y así es como me lo he tomado. Además, el cómo sucedió todo, me hace ratificar que ese incidente tenía que pasar, porque yo ese día tenía otros planes que solo estaban a 2m de distancia, que mi mente olvidó y me llevaron a sufrir este percance.
La importancia de trabajar en uno mismo
Conforme han ido pasando los días en el hospital, me he dado cuenta de que gracias a todas las herramientas que tengo para gestionar mis emociones, mi forma de pensar actual y las tomas de consciencias de estos últimos 10 años, he podido llevar esta situación, a nivel emocional y mental, de una manera mucho más amable y saludable para mí. Y sé que, hace unos años, no habría tenido esta actitud, ni de lejos.
Y eso no quiere decir que no haya tenido y siga teniendo momentos bajos, ni mucho menos, pero la forma de gestionarlos es muy diferentes. No me resisto a ellos, sé que forman parte del proceso y aunque me incomodan y no quiero sentirlos, me entrego a ellos, porque como bien dice uno de mis mantras, a lo que te resistes persistes. Y cuanto más tiempo me empeñe en no sentir una emoción o quiera que esa incomodidad desaparezca, más va a estar ahí.
Así que en esos ratos menos cómodos, he dejado fluir la emoción y si tocaba llorar o estar enfadada con el mundo, me lo he permitido. Y he de decir, que han sido y son los menos, porque hasta ha salido un humor de mí que no conocía, pero esos momentos están ahí y seguirán estando.
Estos días, han hecho que me de cuenta, de que todas esas herramientas, aprendizajes y tomas de consciencia, me han llevado a un nivel de trascendencia superior, el cual siento, que ahora mismo es muy elevado.
Suelta
Uno de los momentos más liberadores fue cuando solté. Sí, solté algo a lo que me estaba aferrando, algo que me estaba incomodando, porque habían herido mi ego y me había desilusionado (ahí estaban mis expectativas), antes de soltar, sentía que iba a ser una batalla agotadora, que tenía todas las de perder a pesar de defender algo que sentía formaba parte de mí y estaba alineado con mis valores.
Por momentos no sabía diferencias entre mi ego y mi ser… pero esa madrugada del ingreso, algo me dijo suelta, suelta y que suceda lo que tenga que ser, ya no eres tú, ya no es tuyo, déjalo marchar, tú ya hiciste tu parte…. Y cuando hice lo que hice para soltar, fue muy, pero que muy liberador. Sentí que me quitaba un peso de encima y que, en cierto modo y pese a las circunstancias, descansaba. Y ahora que escribo estas líneas, siento que también ese acto ha contribuido a que todo lo demás se diera como se ha ido dando.
Creo que ha sido una de las grandes tomas de consciencia de estos días.

Soledad y solitud
No digo que todos los días haya estado encantada de estar aquí, pero me lo he tomando como un espacio para mí, para reflexionar, para observar, indagar, para estar conmigo y darme cuenta de la diferencia entre soledad y solitud.
Tomar consciencia de que realmente no estoy sola, porque hay muchas personas ahí fuera que me están apoyando y sosteniendo de diferentes maneras. Y disfrutar de esa solicitud. Esos momentos de estar conmigo.
No, si yo estoy bien, no necesito ir a terapia
Y toda esta reflexión, me lleva también a que, a veces, pensamos que hay que ir al psicólogo, a terapia o a un coach cuando estamos mal, y más de una vez he oido esos de: no si yo estoy bien, no necesito ir a terapia o un coach o lo que sea. Y creo que no, necesariamente, debe ser así. Precisamente todo lo contrario, y es algo que siempre he dicho y ahora puedo afirmarlo por experiencia propia, que no se necesita estar mal para ir a terapia o llevar un acompañamiento.
De hecho, considero que vienen muy bien para el día a día y para cuando estamos mal, porque entonces ahí podemos abrir la caja de herramientas y sacar las necesarias para gestionar esa situación.
Todas esas veces que bajamos al abismo, cada noche oscura, cada renacer, toma de consciencia o llámale como quieras… son experiencias y herramientas que vienen muy bien para cuando te encuentras en situaciones como la mía o incluso peores.
En definitiva, es mejor trabajar en nosotros cuando estamos bien, para que cuando se den situaciones adversas, podamos tirar de esos recursos y gestionarnos mejor. De todos modos, si lo haces cuando estás mal, todo ese trabajo también te va a servir para afrontar otras situaciones futuras. Y no olvidemos, que siempre está el comodín de levantar la mano y pedir ayuda :).
Muchas gracias a todas las personas que durante estos días me han sostenido y siguen haciéndolo.


Replica a Luis Sevillano Martín Cancelar la respuesta